“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 6:23 RV1960).

La carta del apóstol Pablo a los romanos está entre mis favoritas de la Biblia, porque trata temas importantísimos para la fe cristiana que van desde la justificación por gracia hasta la elección de Israel, no obstante, mi versículo favorito de esta epístola es el que he citado arriba, Romanos 6:23. La razón por la cual soy un amante de este pasaje escritural es porque hace un contraste interesantísimo entre la vida y la muerte, la vida que Dios nos ofrece y la muerte como consecuencia directa del pecado.

La paga del pecado es la muerte.

El versículo en cuestión cierra una serie de afirmaciones que Pablo viene haciendo acerca del pecado y de la vida eterna y ¡qué manera de cerrarla! El apóstol asevera que la paga o el pago del pecado es la muerte. ¿Se ha puesto usted a pensar en esto? Lo que Pablo está asegurando aquí es que la muerte es la justa retribución del pecado. Tomemos este ejemplo: supongamos que Juan trabaja en una empresa cualquiera y que recibe un salario mensual de treinta mil pesos. Cada vez que llegue el fin de mes, Juan deberá recibir su salario, porque él se lo ganó. En otras palabras, Juan es merecedor de sus treinta mil pesos, debido a que él trabajó para recibirlos. ¿Qué es lo que estoy tratando decir con esta ilustración? que cada uno de nosotros merece la muerte, porque todos, sin excepción, somos pecadores. Si no se convence, le recomiendo que se vaya tres capítulos atrás y lea Romanos 3:23.

Pero, ¿de que muerte estamos hablando? ¿acaso no moriremos todos? Por supuesto que sí. La misma Biblia afirma que es necesario que el hombre muera una vez (Hebreos 9:27). Sin embargo, no nos estamos refiriendo a esa muerte. Es bueno aclarar que la Biblia menciona tres tipos de muertes: la muerte física, la espiritual y la eterna. La muerte física es, obviamente, la que todos conocemos, ésta tiene lugar cuando el alma se separa del cuerpo y dicho cuerpo es sepultado; la muerte espiritual, por otro lado, es la condición en la que se encuentra cada persona que aún no ha nacido de nuevo, es decir, todos los no cristianos están espiritualmente muertos. A esto es que Pablo se refiere cuando dice “[…] a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos…” (Efesios 2:5 NVI). Por último, la muerte eterna tiene lugar cuando un no regenerado fallece, puesto que su alma es condenada a una eternidad sin Dios. Dicho de otra forma, la muerte eterna ocurre cuando un muerto espiritual muere físicamente.

La dádiva de Dios es vida eterna.

En los párrafos anteriores, vimos como el apóstol afirma que la paga del pecado es la muerte, mas ahora veremos que la dádiva de Dios es vida eterna. ¿Dádiva?, ¿qué es una dádiva? Una dádiva no es nada más ni nada menos que un regalo. Es decir, la vida eterna es un regalo. ¿Por qué es un regalo? Porque nadie puede ganársela. Nadie será lo suficientemente bueno para merecer la salvación, y como nadie puede obtenerla basándose en sus méritos, Dios nos la obsequia por gracia. “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios”.  (Efesios 2:8 NVI). ¿Notó la diferencia? Mientras el pecado te paga con la muerte, Dios te regala gratuitamente y de forma desinteresada la vida eterna. ¡Cuán bueno es Dios!

En Cristo Jesús Señor nuestro.

No obstante, Pablo no termina ahí. El apóstol es bastante específico y aclara que la vida eterna que Dios da no surge a través de cualquier persona, sino única y exclusivamente, mediante su hijo Jesucristo. Sin embargo, Pablo no fue el único que hizo esta salvedad. El apóstol Pedro también lo atestiguó al decir: “[…] en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. (Hechos 4:12 RV1960).

Amados lectores, si no son cristianos aún, les recomiendo que actúen con sabiduría, alejándose del pecado y acercándose a Dios, puesto que ya conocen cuáles serán los resultados, pero si ya son creyentes, les aconsejo que se aferren más a su Señor y no retrocedan, porque su salvación está más cerca que cuando creyeron.

Con cariño,

Emmanuel Paniagua.

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