La televisión y el cine están repletos de historias de amor que nos han dejado a todos con los ojos llorosos. No obstante, las historias románticas no ocurren solamente en los sets de televisión ni en los estudios de Hollywood. En la vida real, también ha habido hombres y mujeres que han hecho grandes sacrificios por amor.

Grace Kelly, una afamada actriz estadounidense estaba en el mejor momento de su carrera cuando ella y el príncipe de Mónaco, Raniero III se enamoraron perdidamente. El príncipe le propuso matrimonio, pero para ésta aceptar la propuesta del príncipe y convertirse en su esposa, tenía que renunciar a lo que más disfrutaba hacer: actuar. Grace se vio entre la espada y la pared, porque, aunque amaba locamente al príncipe, no quería renunciar a su exitosa carrera. Sin embargo, ella no podía ser la princesa y continuar con la actuación. Para Grace no fue fácil dejarlo todo atrás, pero su amor por el príncipe Raniero era tan grande que decidió renunciar a sus sueños para unirse en matrimonio al hombre que amaba.

A lo mejor usted piensa que el sacrificio hecho por Grace Kelly no fue tan grande, puesto que no dejó su carrera por algo insignificante, sino para formar parte de la realeza de Mónaco. Puede que usted tenga razón, pero de todas maneras, debió haber sido muy difícil para ella, debido a que la actuación era su vida. Sin embargo, si usted no cree que la historia de Grace represente un sacrificio por amor, preste atención a la siguiente historia:

En el año 1936, Eduardo VIII heredó el trono de Reino Unido luego de la muerte de su padre, el rey Jorge V. Eduardo, no obstante, se había enamorado de Wallis Simpson, una mujer ordinaria con la que anhelaba casarse. Sin embargo, su boda representaría un problema, porque la señorita Simpson no poseía ningún título de la nobleza. El gobierno le dio un ultimátum al rey y le dijo que tenía que elegir entre la boda y el trono. ¿Qué creen ustedes que escogió el rey? … Sí, el rey prefirió pasar el resto de su vida con la mujer que amaba por encima de la opulencia de la realeza, y cuando le preguntaron por qué había tomado tal decisión, esta fue su respuesta: “No encontré posible cómo ser rey sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo».

La historia de Grace puede que no le haya resultado tan emocionante, pero, aunque quizás usted no sea una persona romántica, es probable que la del rey Eduardo le haya conmovido aunque sea un poco, porque en realidad es una gran historia. Empero, hay una historia de amor que supera todas las anteriores. ¿Le importa si se la cuento?

Hubo alguien que hace casi dos mil años decidió dejar su trono… espere, ¿otra historia de trono? Sí, pero esta es diferente, porque no estoy hablando de un simple rey. Me estoy refiriendo al Rey de reyes, al hijo de Dios, al Mesías.

El hijo de Dios vio como la humanidad estaba muerta en sus delitos y pecados (Efesios 2:1) y como iba rumbo al infierno por causa de sus rebeliones, pero Jesús amaba tanto a los seres humanos que no podía permitir que tal cosa sucediera. Así que para evitar que nosotros sufriéramos, el decidió sufrir en lugar nuestro, para eludir nuestro castigo, Él mismo lo llevó sobre su cuerpo. ¿Pero de qué manera? Muriendo de la misma forma que morían los criminales, en una cruz. Sus manos y pies fueron clavados a un madero, su cuerpo fue flagelado, su cabeza fue lastimada por todas las espinas que había en la corona que le pusieron, su costado fue traspasado por una enorme lanza, y su paladar, anhelando un poco de agua que mitigara su sed, tuvo que experimentar el agrio sabor del vinagre. ¿Por qué padeció Jesús todo eso? Por amor a usted y por a mí.

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Romanos 5:8, negritas nuestras).

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16, negritas nuestras).

¿Entregaría usted su vida por otra persona? Lo dudo. Sin embargo, Jesús lo hizo, no por una sola, sino por toda la humanidad. Lo hizo por amor y porque el pecado nos convertía en hijos de Satanas, pero como dijo C.S. Lewis, “El hijo de Dios se hizo el hijo del hombre para que los hijos de los hombres podamos ser hijos de Dios”.

Estimado lector, no sé qué usted estaría dispuesto a hacer por amor, pero sí sé que Jesús estuvo dispuesto a morir en lugar suyo por el gran amor que le tiene. Él no espera que usted haga ningún sacrificio extrahumano, lo único que Él le pide es que crea en Él como único medio para la salvación.

Con cariño,

Emmanuel Paniagua.

Entradas relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *