“Así que somos embajadores de Cristo, […] «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios». (2 Corintios 5:20 NVI).

El apóstol Pablo, en varias ocasiones, dijo ser un embajador de Cristo, y de manera general, expresó que todos los creyentes son embajadores de Cristo al igual que él. Esto suena halagador, ¿no? Por supuesto que sí. Pero, como embajadores ¿sabemos cuáles son nuestras funciones? Yo, honestamente, no sé mucho de relaciones exteriores ni de derecho internacional, no obstante, hay algunas cosas que, por sentido común, todos nosotros deberíamos manejar.

Un embajador es un diplomático enviado por su país de origen a una nación extranjera, en la cual tendrá el compromiso de representar a su patria. Nosotros, probablemente, no seamos delegados de nuestros países ante ninguna potencia extranjera, sin embargo; somos representantes del mejor gobierno del mundo, el reino de los cielos; y del mejor gobernante de todos los tiempos, Jesucristo. ¡Aleluya! ¿No es esto una bendición? Yo pienso que sí. No obstante, tenemos algunos compromisos que cumplir, que de no desempeñarlos, no estaríamos haciendo bien nuestro trabajo. ¿De qué estamos hablando? Veamos:

Representar dignamente a nuestro Rey.

Como ya lo hemos dicho, una de las atribuciones de un embajador es representar al país o reino que lo envía, por tal razón, el embajador debe tener mucho cuidado de cómo se conduce en el país que lo recibe, porque si su proceder no se apega a los principios éticos y morales, el reino al que él representa no será bien visto. Cuando un embajador actúa de forma inapropiada, la gente no ve al embajador, sino al reino o al país que lo ha enviado. Nosotros, los embajadores de Cristo, no estamos exentos de esto. Es nuestro deber y compromiso representar dignamente a nuestro Rey y Señor, no podemos darnos el lujo de vivir vidas desordenadas, porque si lo hacemos, el nombre de Dios será blasfemado por nuestra causa.
“Porque, como está escrito: «Por causa de ustedes el nombre de Dios es blasfemado entre los paganos.»”. (Romanos 2: 24 RVC).

Nunca amoldarnos a la cultura del lugar al que nos han enviado.

Los embajadores no son ciudadanos del reino receptor, sino del reino emisor, por lo tanto, deben evitar que en ellos ocurra una transculturación. Éstos están llamados a respetar la cultura del lugar en donde se encuentra su embajada, mas no a vivir de acuerdo a esta. Nosotros, los embajadores del Rey de reyes, no podemos regirnos por las normas que este mundo y su sistema nos han impuesto, de hecho, no podemos regirnos ni siquiera por nuestros propios criterios, sino por los de Aquel que nos ha enviado. Amados hermanos, este mundo no es nuestro hogar, somos extranjeros y peregrinos, llegará el momento en el que Aquel que nos envió nos vendrá a buscar para llevarnos a nuestra morada eterna.

Ser los voceros de nuestro Rey.

Un embajador no es enviado a un reino extranjero a hablar de sí mismo, sino de quien lo ha mandado. De la misma manera, nosotros no estamos llamados a hablar de nosotros ni de nuestros logros, sino a proclamar las buenas nuevas que nuestro Señor nos ha encomendado. Debemos aprovechar cada oportunidad que tengamos y hablar con todos los que podamos acerca del mensaje de reconciliación que se nos ha dado. Tomemos el consejo que Pablo le dio a Timoteo Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, […] que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”. (2 Timoteo 4:1-2 RV60).

Defender los intereses de nuestro reino ante cualquier difamación e injuria.

Los reinos y países, en ocasiones, tienen ciertas fricciones y desavenencias en las cuales los embajadores deben mediar para que, de manera amistosa, se resuelvan. Sin embargo, en todo momento, el embajador debe velar por los intereses de su país y defenderlo de todas las difamaciones e injurias que puedan presentarse. Todos nosotros, como embajadores de Cristo, tenemos el compromiso de ser apologetas ante cualquier persona o entidad que requiera que presentemos defensa de nuestra fe. “…Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. (1 Pedro 3:15 NVI).

Queridos hermanos, no somos cualquier cosa en esta tierra, somos embajadores del Dios vivo, sin embargo, urge que comencemos a hacer bien nuestro trabajo.

Con cariño,

Emmanuel Paniagua.

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