El Pecado, las Enfermedades y la Sanidad Divina.

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¿Dónde y cuándo se originaron las enfermedades? ¿Puede Dios realmente sanar a las personas? ¿Está la sanidad divina incluida en el sacrificio expiatorio de Jesús en la cruz? Todas estas interrogantes han pasado por mi cabeza en mi andar con el Señor y estoy seguro que también han pasado por la cabeza de muchísimos cristianos y aun de no cristianos. En este escrito intentaré darles respuestas bíblicas a estas preguntas. Además añadiré algunos argumentos que sirven para refutar las objeciones que muchos han hecho acerca del tema en cuestión. Es bueno que desde el principio quede claro, que yo, Emmanuel Paniagua creo que Dios todavía sana y hace milagros, y es por esta razón que estoy dedicando mi tiempo a escribir este artículo en torno a la sanidad divina.

Antes de hablar de sanidad, se hace muy necesario que abordemos el tema de las enfermedades, de cómo y dónde surgen éstas. Las enfermedades son el producto directo del pecado. Dios creó a los seres humanos perfectos, sin ningún tipo de dolencias, pero inmediatamente éstos desobedecieron al Señor, el pecado fue introducido al mundo, de hecho, en todo el Antiguo Testamento se relaciona a las enfermedades de manera directa con el pecado, de esta manera, podemos afirmar que las enfermedades son una consecuencia directa del pecado. Si el hombre no hubiera cometido pecado, entonces la raza humana no conociera ningún tipo de enfermedad. Sin embargo, así como Dios tenía una solución para el pecado desde antes de la fundación del mundo, también tenía un remedio para las enfermedades. La palabra del Señor establece que Jesús, el Cordero de Dios, fue inmolado desde antes de la fundación del mundo (1 Pedro 1:20). El Cordero de Dios fue inmolado en la cruz, no solamente para salvar el alma de los seres humanos, sino también para sanar su cuerpo. A pesar de que muchos lo niegan, la sanidad del cuerpo está incluida en el sacrificio expiatorio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Hay muchos teólogos, especialmente los teólogos reformados, que tratan de quitarle valor al cuerpo, éstos afirman que el cuerpo no tiene la misma importancia para Dios que tiene el alma. Sin embargo, esto no tiene nada de fundamento bíblico, al contrario, la Biblia da importancia al cuerpo. El apóstol Pablo dijo que Dios quiere que todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo sean santificados (1 Tesalonicenses 5:23).

Por otro lado, debemos entender que cuando el hombre peca no es el alma la que peca, sino todo el ser del hombre, incluyendo el cuerpo, de hecho, el alma emplea al cuerpo para pecar. Cuando un hombre fornica utiliza su cuerpo para fornicar, cuando un ladrón roba usa los brazos y las manos para robar, cuando un mentiroso miente le da uso a la lengua para pecar, por tal razón, el cuerpo también peca y por ende, necesita ser redimido. Si así no fuera, en la resurrección Dios nos dejara con el mismo cuerpo, pero como Él tiene la intención de redimirnos completamente, nos dará un nuevo cuerpo, un cuerpo glorificado que no se enfermará. Además, esa corriente de pensamiento que desvaloriza el cuerpo no es teológica, sino filosófica. La mayoría de los teólogos que hacen esto, como es el caso de Agustín de Hipona y Juan Calvino, que era un discípulo de Agustín, fueron influenciados en gran manera por los escritos de algunos filósofos.

Sin embargo, al saber todo esto, surge la siguiente pregunta: si la sanidad divina está incluida en la expiación ¿por qué no todos son sanados?

No todos son sanados por la misma razón que no todos son salvos, porque no todos buscan la sanidad divina. Hay personas enfermas que nunca acuden a Dios para que Dios los sane. Además, aunque la sanidad divina está incluida en el sacrificio expiatorio de nuestro Señor, ésta no tiene el mismo peso que tiene la salvación del alma, sin embargo; esto no quiere decir que el cuerpo sea menos importante. Yo creo y considero que tiene respaldo bíblico, que Dios quiere que todos los hombres sean salvos (1 Timoteo 2:4), pero no que todos sean sanos. Si Dios hubiese tenido la intención que todos se sanen, pues lo hubiese dicho en las Sagradas Escrituras tal y como establece su deseo de salvar a todos.

La sanidad divina está ahí disponible para quienes la busquen, pero más especificamente, para quienes Dios, en su absoluta voluntad, quiera otorgarséla. Cuando tengamos un problema de salud, acudamos a Dios, confiando en que si es su voluntad, Él nos sanará.

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