¿CUÁL DEBE SER LA ACTITUD DE LOS CRISTIANOS ANTE EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO?

¿CUÁL DEBE SER LA ACTITUD DE LOS CRISTIANOS ANTE EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO?

En algunos lugares, la gente suele ver a los cristianos como si fueran entidades extraterrestres. Algunos piensan que los cristianos, por ser hijos de Dios, no deberían enfermarse, atravesar crisis económicas o experimentar algún tipo de sufrimiento. Y esto se debe; en parte, a la manera en que muchos evangélicos han tergiversado las Escrituras haciéndole creer a la gente que hacerse cristianos los librará de los sinsabores de esta vida y los volverá ricos. Sin embargo, la verdad es que los cristianos son meros humanos, simples mortales que no están exentos de pasar por momentos difíciles.  A los hijos de Dios les da cáncer, les fallecen familiares, pierden sus empleos, etc. pero, ¿cuál debe ser la actitud de los cristianos ante el dolor y el sufrimiento? ¿cómo deberían reaccionar?

NO DEBERIAN SORPRENDERSE.

Lamentablemente, vivimos en un mundo caído, contaminado con el pecado, y las consecuencias de éste afectan a todos los seres vivientes, incluyendo a aquellos que han sido lavados con la sangre de Jesucristo. Por esta razón, no deberíamos sorprendernos cuando veamos a un cristiano atravesando alguna situación difícil, porque, aunque se ha arrepentido de sus pecados y ha confesado a Jesús como Señor, aún las secuelas del pecado pueden alcanzarlo. Además, el mismo Jesús nos advirtió que las aflicciones deben venir. “…En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. (Juan 16:33 b). En este mundo pasaremos por momentos agrios, pero nuestro Salvador ha prometido estar con nosotros y Él es fiel para cumplir sus promesas. ¡Aleluya! ¡Dios es bueno!

HAY QUE ENTENDER QUE POR MÁS DURA QUE SEA LA PRUEBA, DIOS HARÁ QUE OBRE PARA BIEN.

Decir que todo obra para bien parecería un cliché, pero no para los cristianos, porque en efecto, Dios ha prometido en su Palabra que a los que lo aman, todas las cosas trabajarían en conjunto para su bienestar, vea Romanos 8: 28. Yo sé que esta afirmación es difícil de asimilar cuando estamos en medio del proceso, cuando la herida es tan profunda que nos quita las ganas de vivir y cuando el dolor es tan fuerte que no podemos soportarlo. No obstante, aunque no logre entender de qué manera Dios hará que la situación que está padeciendo repercuta para bien, confíe en que, como dice la canción de Lily Goodman, “al final, será mucho mejor lo que vendrá”.

DEBEN ADORAR A DIOS Y NO QUEJARSE POR LO QUE PUDIERA ESTAR SUCEDIENDO.

Aparte de Jesús, no creo haya existido una sola persona en la faz de la tierra que haya sufrido más que Job. En un solo día, Job perdió todo lo que tenía: perdió su ganado, sus hijos, y hasta su salud. Además, fue acusado por sus amigos de haber pecado y tuvo que lidiar con las injurias de su mujer. No obstante, se mantuvo firme en su fe e hizo algo que es digno de imitar.

Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. (Job 1: 20-21, negritas nuestras).

¿Lo leyó? Léalo de nuevo, porque creo firmemente que los cristianos de esta generación deben adoptar esta misma actitud que Job tomó. En los momentos difíciles, en vez de quejarnos, debemos agradecer a Dios.

Recuerdo haber escuchado la historia de una mujer cuyo esposo había sufrido un infarto mientras conducía su automóvil cuando se dirigía a su trabajo. Durante el ataque al corazón, el hombre perdió el control del auto provocando un fatal accidente. Un amigo suyo fue a consolarla y le dijo que le diera gracias a Dios por lo que había pasado, porque las cosas pudieron haber sido peor. —¿Qué estás diciendo? —dijo la mujer. —¿Cómo te atreves a decir que pudo haber sido peor?, —¿Qué puede ser peor que la muerte de mi esposo? — preguntó llena de indignación. Su amigo, con mucha paciencia le recuerda que su esposo solía llevar sus dos hijos a la escuela antes de ir al trabajo, porque la escuela y su trabajo quedaban en la misma dirección, sin embargo, esa mañana no los llevó. De haberlo hecho, hubieran muerto todos en el accidente.

En los días grises es difícil verle color a la vida, pero jamás se debe olvidar que Dios es bueno y que Él tiene cuidado de nosotros.

Además, aunque hayamos confesado a Cristo como Señor y Salvador, seguimos siendo pecadores y la paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23). En otras palabras, por ser pecadores, nosotros somos merecedores de todas las cosas malas que pudieran pasarnos. Así que en vez de enojarnos con Dios por las tragedias merecidas que llegan a nuestras vidas, agradezcamos por las cosas buenas y los momentos inmerecidos de felicidad de los que Dios nos permite disfrutar.

Con cariño,

Emmanuel Paniagua.

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