Cómo hacer crecer su ministerio

Cuando lee o escucha la palabra ministro, ¿qué es lo primero que le llega a la mente? Me imagino que un pastor, un evangelista o uno de los famosos “apóstoles” de este tiempo. ¿Me equivoco? Es poco probable que haya pensado en un hermano común, en la hermana que barre la iglesia, en los ujieres, etc. Este hecho, quizás, tenga una explicación. Supongo que la razón por la cual pensamos de esta manera es porque nuestras mentes no asocian la palabra “ministro” o “ministerio” con trabajos que, a simple vista, parecen sencillos y, en ocasiones, hasta denigrantes. No obstante, paradójicamente, la palabra ministerio y/o ministro sígnica, precisamente, servicio. En el antiguo testamento, el vocablo que se utiliza para referirse al ministerio es el término Sharat que significa literalmente “atender”, “servir”. Por otro lado, según el Diccionario Bíblico Ilustrado Holman: “Las tres palabras griegas principales que se traducen “ministro” o “servidor” poseen una connotación de servicio más que de dominio. Diakonos (Mar. 10:43; Ef. 3:7; 6:21), que en algunos pasajes se traduce “diácono”, se refiere a alguien que sirve a las mesas. Huperetes (Luc. 1:2; 1 Cor 4:1) originariamente designaba a remeros que trabajaban en la parte inferior de un barco. Leitourgos (Rom. 13:6; 15:16; Heb. 1:7) aludía a un sirviente del Estado o del templo.  ¿Se dio cuenta? Los ministros no son únicamente los pastores, evangelistas o los hermanos de renombre. En realidad, todos somos ministros. Si realiza cualquier tarea de servicio, por más humilde que parezca, es un ministerio que debe llevar a cabo para la gloria y honra de Dios. Si está buscando algunos consejos para hacer crecer ese ministerio, ponga atención a las siguientes recomendaciones:

  • Aférrese a Dios, pues Él es que da el crecimiento.

En la iglesia de Corinto había un problema de división, puesto que los hermanos se identificaban con sus líderes, y esto había provocado que la iglesia se sectorice. Algunos hermanos eran partidarios de Pablo; otros, de Apolos y los demás decían que eran de Cefas. El apóstol Pablo, con la intención de resolver la situación, aborda el tema en su primera epístola a la referida iglesia, en la cual expresa las siguientes palabras: “Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino solo Dios, quien es el que hace crecer”. (1 Corintios 3:6-7 NVI). Cada quien tiene que poner de su parte para crecer en el ministerio, sin embargo, no podemos olvidar que Dios es quien da el crecimiento y que fuera de Él, nada podemos hacer. Amado hermano, haga lo que tenga que hacer, en lo que requiere diligencia, no sea perezoso, pero sobre todas las cosas, confíe y aférrese a su Señor que Él es quien hará crecer su ministerio.

  • Mantenga su ministerio espiritualmente saludable.

Los ministerios son parte de la iglesia y la iglesia es el cuerpo místico de Jesucristo. La iglesia no es una institución ni una organización, sino más bien, un organismo y los organismos crecen por naturaleza. No crea que estoy confundiendo la iglesia con el ministerio personal de un hombre o una mujer, la iglesia es el cuerpo; los ministerios, en cambio, son partes pequeñas del cuerpo que, de manera natural, deben crecer a la par con el cuerpo. Imagínese un brazo cuyo hueso crezca, pero que los nervios que dan movilidad al mismo permanezcan pequeños, ¿qué cree que pasaría? Ese brazo sería inútil, no serviría para nada. Como dije en las líneas anteriores, los organismos, si son saludables, deben crecer naturalmente; empero, si estos están enfermos, no podrán crecer o si por otro lado, no son bien alimentados, tampoco experimentarán ningún tipo de crecimiento. Alimente su ministerio con el pan de vida, con la Palabra de Dios y verá que tendrá un ministerio saludable y en constante crecimiento.

  • No rompa puertas, deje que Dios las abra.

Me da mucha pena ver la desesperación de muchos ministros que, por el deseo de ser conocidos, piden que les permita ministrar en todos los eventos. Estoy hablando tanto de predicadores como de cantantes y músicos cristianos. Puedo estar errado, pero yo creo que los hombres y mujeres de Dios no mendigan oportunidades, sino que deben permitir a Dios que abra puertas a su favor, porque las puertas que Dios abre nadie las cierra, pero las que Él cierra, nadie las abre. Querido hermano, si Dios lo ha llamado al ministerio, pero aún no ve nada, no se desespere. Espere el tiempo de Dios, el cual es perfecto.

  • Sea fiel en lo poco y Dios lo pondrá en lo mucho.

A menudo, cuando nos dicen que Dios nos ha llamado al ministerio, pensamos en grandes eventos. Si somos músicos, nos imaginamos tocando con Jesús Adrián Romero y si somos predicadores, nuestras mentes, inmediatamente, se trasladan a Enlace o a TBN. Empero, obviamos que muchos de esos ministros reconocidos empezaron, como dirían los franceses, “petit a petit”, (poco a poco), desde abajo. A veces, soñamos en grande, pero no queremos empezar desde abajo, anhelamos llenar estadios, pero no queremos evangelizar en el barrio, queremos que Dios nos use con milagros y prodigios, mas no nos gusta visitar a los enfermos en los hospitales. Querido lector, nada grande comenzó siendo grande, el proceso natural de todas las cosas es que antes de ser grandes, primero deben ser pequeñas.

  • Huya del pecado.

Asumo que no es un misterio para ningún cristiano que el pecado es malévolo, que si el mundo está en la situación en la que actualmente se encuentra es, precisamente, por culpa de este mal. Si Adán y Eva, nuestros primeros padres, no hubieran desobedecido a Dios, la historia sería diferente, pero desafortunadamente, ellos pecaron y nosotros también.  “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. (Romanos 3:23 RV60). El pecado no es un chiste, tampoco es un juego, el pecado es como un cáncer que carcome nuestro ser y ralentiza y entorpece el crecimiento. Yo no estoy tratando de tapar el sol con un dedo, yo estoy bastante consciente de que nadie es perfecto y de que todos pecamos, sin embargo, no podemos escudarnos de esto para justificar nuestras faltas. Debemos hacer un esfuerzo cada día para no caer en las trampas del tentador, ni hundirnos en los malos deseos de nuestros perversos corazones.

  • Haga ejercicios espirituales.

Las personas que quieren mantenerse fuertes y hacer sus músculos crecer, además de llevar una buena alimentación, hacen ejercicios: van al gimnasio; caminan, otros corren; algunos hacen ciclismo; en fin, se mantienen físicamente activos. En el caso de la robustez y el crecimiento espiritual no es para nada diferente. Si queremos crecer físicamente, debemos mantenernos activos en lo físico, pero si por el contrario, el crecimiento que andamos buscando es espiritual, entonces, debemos realizar ejercicios espirituales. ¿Cuáles son estos ejercicios espirituales? La oración, el ayuno, el estudio constante de las Sagradas Escrituras, etc. Ningún ministerio crecerá bien si no se hacen estas cosas; y si crece, será un ministerio anémico que podrá ser destruido por cualquier brisa que el enemigo haga soplar.

  • Estudie y prepárese.

Es una pena que en nuestras iglesias, por muchos años, se le ha dado muy poca importancia a los estudios basándose en una mala interpretación de un versículo bíblico. Era común escuchar a hermanos decir: “No estudies tanto, la letra mata”, haciendo alusión a 2 Corintios 3:6 que dice de la manera siguiente: “Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra, sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida”. Pablo, autor de esta carta, no está refiriéndose a estudiar, ni a la letra de los libros cuando habla de esto, mas bien, está contrastando el antiguo pacto, el de la ley, con el nuevo pacto, el de la gracia. Dicho de otra forma, cuando Pablo dice que la letra mata, a lo que realmente se está refiriendo es a la letra de la ley mosaica que, según la Biblia, no puede justificar. “Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. (Romanos 3:20 RV60). Amado hermano, no menosprecie la preparación académica, porque aunque eso no es lo más importante, no menos cierto es que juega un papel preponderante; de hecho, hay lugares a los cuales, como ministros, Dios no nos permite acceder por causa de nuestras limitaciones intelectuales. Pensemos una vez más en Pablo, por ejemplo, a quien Dios dirigió para que escribiera la mayoría de cartas y epístolas del nuevo testamento, ¿usted cree que si Pablo no hubiera sido un hombre bastante letrado y culto hubiera podido escribir con la fluidez y denuedo que escribió? Yo pienso que no. Por otro lado, el apóstol Pedro solamente pudo escribir dos cartas, y en una de ellas tuvo que auxiliarse de un escriba, debido a la limitación intelectual que poseía. El ministerio de Pedro se circunscribió a Israel; el de Pablo, a todas las naciones gentiles, incluyendo a Grecia, la cuna del conocimiento de la época. No me malinterprete, no estoy diciendo que Pedro sea menos importante que Pablo, lo que sí estoy diciendo es que Pablo llegó más lejos. En este punto, no le pido que esté de acuerdo conmigo, pero por lo menos, piénselo un poco.

  • Honre a Dios con sus bienes.

Con mucha frecuencia, queremos que Dios sea fiel con nosotros, pero nosotros no queremos serle fiel a Él. Anhelamos que el Señor nos prospere y que prospere nuestro ministerio, pero somos infieles con nuestros diezmos y ofrendas. Yo sé que alrededor de los diezmos y las ofrendas gira mucha controversia, pero yo creo que ambas cosas son bastante bíblicas. Además, lo que podamos darle a Dios es de lo mismo que Él ya nos ha dado, porque como dijo David: “… ¿quién soy yo y quién es mi pueblo para que podamos ofrecer tan generosamente todo esto? Porque de ti proceden todas las cosas, y de lo recibido de tu mano te damos”. (1 Crónicas 29:14 LBLA, negritas nuestras). Si quiere que su ministerio crezca, honre a Dios con todos sus bienes. “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto”. (Proverbios 3:9-10 RV60).

“Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto”.

(Proverbios 3:9-10 RV60).
  • Tenga mentalidad de siervo y dele la gloria a Dios siempre.

Si su ministerio ha experimentado cierto grado de crecimiento, no se ensoberbezca creyendo que está ahí por sus esfuerzos o porque tiene los mejores dones, porque si lo hace, estropeará el crecimiento que ha tenido como ministro. La actitud correcta de cada ministro debe ser la de un siervo. “¿Acaso se le darían las gracias al siervo por haber hecho lo que se le mandó? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha mandado, deben decir: «Somos siervos inútiles; no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber»”. (Lucas 17:9-10 NVI). Hermano, si Dios lo lleva lejos, no se enaltezca, al contrario, dele siempre la gloria a Él, porque si no lo hace, ¡pobre de usted! “Porque el Señor es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo conoce de lejos”. (Salmo 138:6 LBLA).

“Porque el Señor es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo conoce de lejos”.

(Salmo 138:6 LBLA).
  • Sin importar cual sea su ministerio, comprométase con la gran comisión.

No importa a que Dios lo haya llamado, puede que sea a ser pastor, evangelista, músico, adorador, etc. todos tenemos un ministerio en común: la realización de la gran comisión. Jesús nos dejó esta tarea antes de ascender al cielo y por ende, debemos cumplirla. “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”. (Mateo 28: 19-20 NVI).

Amado lector, a todos nos gustaría que nuestro ministerio creciera, pero las cosas no suceden de la noche a la mañana. El tiempo de Dios es distinto para cada persona, no se desespere porque alguien que empezó último haya llegado primero. ¡Su tiempo llegará!

Con cariño,

Emmanuel Paniagua.

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